miércoles, 16 de marzo de 2011

Escribir. Opinión de Rafael Carcelén

Escribir




Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 


Como si de una cebolla se tratase, la escritura contiene varias capas o niveles, cada una de las cuales cumple una misión distinta pero que va englobando a las anteriores, teniendo todas en común una función comunicativa y de expresión de nuestro mundo interior. Un primer nivel podría ser el de la exteriorización en bruto de nuestros sentimientos, nuestras inquietudes o el magma conflictivo que puede anidar en nosotros. Los primeros poemas adolescentes surgen de esta necesidad de desahogo y catarsis de todo lo que bulle dentro. Como un volcán en erupción, escribir tiene aquí una función liberadora y terapéutica de gran magnitud. Recordemos,  por ejemplo, que esa gran poeta que fue Sylvia Plath se sumergió en la escritura a propuesta de su psiquiatra para salir de un proceso depresivo que resultó irresoluble, pero que mitigó el sufrimiento durante largas temporadas de su corta vida.



Esta expresión como terapia, punto de partida también de muchos talleres de escritura, supone con la práctica un proceso de indagación, de autoconocimiento progresivo que nos permite descubrir facetas de nuestro yo hasta entonces desconocidas. Escribir, además, nos obliga a reflexionar a un ritmo distinto al de la oralidad, con lo que nos ayuda a ordenar y sistematizar nuestro pensamiento. El goce obtenido con ese autodescubrimiento de nuestro yo profundo se refleja en el rostro entusiasta con que muchos niños te muestran sus primeras redacciones, sus primeros relatos. Por eso es tan importante transmitirles el gusto por la escritura desde pequeños: porque aprenden a expresarse pero también a conocerse. Porque se comunican con el mundo y, a la vez, con ellos mismos. Igual que nos ocurre dibujando, nadando o bailando.

Una prolongada práctica nos hace adentrarnos en el manejo cada vez más sofisticado de los recursos lingüísticos y literarios, liberándonos a la vez del discurso racional y abriéndonos a un territorio próximo a lo misterioso o lo desconocido. En este nivel, el más propiamente creativo, nuestra escritura coloca al lenguaje en el primer plano y se sirve de él con fines lúdicos, de extrañamiento de la realidad o de proyección y desdoblamiento de nuestra personalidad en textos líricos o narrativos donde tan importante es lo que decimos como la forma en que lo expresamos. Señala Juan José Millás que quien llega hasta aquí se enfrenta a una doble actitud: “voy a ver lo que digo o voy a ver lo que dicen las palabras. La sensata es la intermedia. A veces las palabras quieren decir algo que no estaba en tu intención, pero que es bueno que escuches”.

 Juan José Millás

Como ven, sea cual sea nuestra intención, escribir es una experiencia de autoconocimiento, liberadora,  proyectiva, creativa, terapéutica… tan sorprendente como maravillosa. “Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo libro o en todo artículo, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, pues vemos que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo”, ha escrito Enrique Vila- Matas. Pruébenlo; no se lo pierdan: escriban. Escriban hasta obtener, como la Nobel polaca Szymborska, “Alegría de escribir./ Poder de eternizar./ Venganza de una mano mortal”.

Enrique Vila- Matas

Wisława Szymborska

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

sábado, 12 de marzo de 2011

El Mercado y los eurocabritillos. Opinión de Rafael Carcelén

 El Mercado y los eurocabritillos


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 

Hubo un tiempo en que el señor Mercado sufragó onerosamente a cabritillos, cerditos y otros púberes ingenuos para que levantasen sus casas a buen interés, consiguiendo incluso llenar todo el bosque de hipotecas basura con tal de seguir alimentando una codicia insaciable. Su glotonería especuladora, su avaricia febril, acabó generándole una burbuja en el estómago que ni el bicarbonato mercantil de la moneda única consiguió mitigar. Y su bolsa, atada y bien atada a la cintura, comenzó a regurgitar, a perder valor cayendo y cayendo precipitadamente por el gran agujero del ibex 35. La madre de los eurocabritillos, para tranquilizarlo, le rellenó la bolsa con monedas y le cosió los bonos rasgados. Colmado como el quico, pensaron que una prolongada siesta lo apaciguaría. 

 

 

 

Pero no fue así. El señor Mercado, tras vaciar el euromonedero y dejar escuálidas las arcas caprinas, exigió contención y control del gasto. Que manda huevos. Pero los eurocabritillos, precisamente por los préstamos para rescatar al Mercado feroz de la quiebra, ya no disponían de liquidez. Y éste comenzó a temer por sus dividendos, por esos réditos sabrosos que tan jugosamente debía ir acumulando: deuda, déficit, impagos… mala cosa, pensó; no hay depredador que mantenga el buche lleno con estas menudencias e incertidumbres. ¡Quería garantías! Muestras de sangre que le permitieran mantener la confianza. Con sus ávidas fauces, con sus garras tajantes, se presentó en la casa griega y llamó a la puerta: ni las columnas del Partenón ni el tesoro de Mikonos saciaron su ambición. La que ellos creían de hormigón perdurable, no era sino endeble morada de adobe y hojarasca. Porca miseria, refunfuñó el carnívoro descontrolado.


Decepcionado, aulló y aulló para que todos se amedrentasen y no ofrecieran resistencia a sus ansias lucrativas.  Se encaminó entonces hacia la casa irlandesa, esa que durante años fuera la niña de sus ojos, donde tanta hipoteca burbujeante colocó en otro tiempo, y acosó a sus eurocabritillos hasta que, como obedientes corderitos atrapados por unos bancos sostenidos con palillos neoliberales, pidieron ser rescatados por ese lobo de las finanzas que es el señor Mercado, también neoliberal. ¿Será suficiente con esto?, tartamudeaban, remojándose las barbas, sus eurovecinos. Obtuvieron la respuesta cuando el gigante depredador giró su vista encarnizada hacia la casa ibérica: los eurocabritillos portugueses y españoles sintieron una y otra vez el brutal zarandeo en sus nóminas y en todas sus paredes financieras. Recortes, reajustes, reducción del déficit… ¡qué más da!, nada era bastante para conformar a tan implacable avaro.

El benjamín de los eurocabritillos, refugiado entre gaviotas genovesas, sobrevivió al bestial envite y cuando alguien le preguntó cómo lo había logrado, fue profuso en detalles: ése poderoso caballero que es Don Mercado se alimenta de engordar cerditos y cabritillos hasta que su obesidad los inmoviliza y entonces, zarpazo a zarpazo, mordisco  a mordisco, los deja raquíticos y desahuciados. Sin casa ni pan que echarse a la boca, los pobrecillos no tienen más remedio que acudir a él para que les inyecte liquidez y volver así a tenerse en pie. Y otra vez de nuevo comienza el proceso: engorde, inflación, burbuja, deflación, miseria, rescate… y así hasta que la desesperación o la rapacidad les permita comprender que pueden más todos los eurocabritillos juntos que el lobo, por salvaje que éste sea; que no tienen por qué vivir sometidos a sus aterradoras exigencias. ¿Y cómo es qué tú sobrevives ajeno a esta espiral cíclica de opulencia y escasez?, le preguntó un ingenuo. El hasta entonces ponsderado eurocabritillo se quitó la máscara y todos constataron que se trataba de un fiero lobezno con piel de cordero.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 6 de marzo de 2011

El arte. Opinión de Rafael Carcelén

El arte


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



De vez en cuando me gusta proponerles a los niños y niñas de Educación Infantil -de 3 a 5 años- pintar libremente con distintos materiales (ceras, acuarelas, pintura de dedos, etc.) y con distintos medios (sus propios dedos, pinceles, esponjas...), habitualmente sobre amplios murales de papel continuo: es indescriptible cómo gozan, cómo disfrutan expresándose sin ataduras, perdiéndose y encontrándose una y otra vez en el papel con rayas, trazos, garabatos, bioformas o manchas cuyo significado es alucinante cuando te lo explican. Sin duda, en sus manifestaciones muestran más rasgos de ellos mismos que del objeto que representan: en un castillo, por ejemplo, percibimos más sus miedos o sus fantasías que la fortaleza realmente.

Comentaba esta experiencia con una compañera maestra cuando, esbozando una media sonrisa, me preguntó dónde establecería yo la diferencia entre esta actividad con los chavales y el arte moderno. Contesté algo así como que la capacidad técnica o la intencionalidad propias de la pintura no están en el horizonte de los críos. Estos sólo pretenden expresarse, sacar su interioridad, de un modo espontáneo, con su ritmo y naturalidad y sin condicionamientos previos de ningún tipo.

La espontaneidad, la imaginación, la inocencia o el descondicionamiento de los niños también son considerados por el pintor. No en vano creadores cubistas, naif o surrealistas indagaron ya en el mundo infantil, en las culturas primitivas o en las manifestaciones de los enfermos mentales para entender cómo acceder a una expresión estética lo menos condicionada posible por la racionalidad y la conciencia. Andaba yo en estas disquisiciones cuando mi compañera me mostró un video de youtube. En él aparece una reportera que con un cuadro pintado por niños de 2 y 3 años, en una guardería, se va a la feria ARCO de 2007, lo cuelga y les pide opinión a expertos y visitantes. Unos hablan de desesperación o angustia en la mezcla de los colores; otros de erotismo y pulsión sexual o de un pintor muy experimentado; incluso hay quien opina que quince mil euros es un precio muy asequible para un cuadro así. Apasionante: pueden verlo en http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc

Un reportaje que pone de manifiesto la fragilidad del arte contemporáneo, la dificultad para distinguir las voces de los ecos (que diría Machado), los intereses que mueven el mercado del arte o simplemente con qué facilidad aflora en nosotros la estupidez y la pedantería. No sé a ustedes, pero a mí después de verlo se me amontonaron las preguntas: ¿cómo encajar esto?, ¿qué es el arte?, ¿qué pinto yo aquí?...

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Rosales. Opinión de Rafael Carcelén

Rosales


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



El pasado 31 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento en Granada de Luís Rosales. Un poeta extraordinario, cuya vida quedó marcada por el asesinato de Lorca, su maestro y amigo. Como ha señalado su hijo recientemente, “llevó siempre dichos sucesos como una cruz por la injusticia que se cometió”. Falangista destacado como sus hermanos entonces, la detención de Federico en su casa (donde se refugió) y su posterior fusilamiento sirvió para que se les calumniara y acusara de tan vil ejecución. Él siempre mostró su desprecio por los asesinos y defendió el honor de su familia, que hizo lo posible por salvar al granadino más universal. Liberal auténtico, apolítico –aunque monárquico partidario de Don Juan- y descreído, siempre ayudó (como editor sobre todo) a poetas y escritores que, como Caballero Bonald, consideró valiosos aun sin compartir sus presupuestos ideológicos o estéticos.



Nacido el mismo año que Miguel Hernández, a quien siempre apreció, su poesía se caracteriza por un profundo humanismo, lleno de arraigados sentimientos religiosos, donde el tono intimista y la expresión de lo más cotidiano acompañan al hombre en su desvalida condición, en su atribulada travesía existencial. Cuando gran parte de la poesía española rendía vasallaje a un tradicionalismo grandilocuente, ripioso y rancio, su magistral poema- libro La casa encendida, de 1949,  recuperó para la época el espíritu vanguardista de entreguerras y la utilización del verso libre de un modo tan brillante como ajustado. Su dominio de la técnica (tanto en sus estrofas más clásicas como en sus propuestas rompedoras) y la perfecta adecuación al tema tratado, dan a sus poemas un vigor y una cadencia tan innovadores como inconfundibles. Nunca cejó en su afán por evolucionar, dejándonos en La carta entera un legado ético y estético de fraternal rebeldía, de indistinción entre géneros, de hondo cuestionamiento.



Reconocido con los más prestigiosos premios, incluido el Cervantes en 1982, su obra no ha tenido el eco que merece aunque hacia él ya estén volviendo los poetas más jóvenes. Por eso, la conmemoración del Centenario es una buena ocasión para  apreciar su hondura y su sensibilidad. Así lo subraya Félix Grande, a quien vimos con Aute en Petrer en abril pasado, buen amigo del poeta y editor de la antología de Rosales con un título tan bello como éste: Porque la muerte no interrumpe nada, y donde podemos leer el gran Autobiografía, de su libro Rimas de 1951, poema que describe como ningún otro su forma de ver la vida, ese sentimiento auténtico de quien tanto descreyó de ideologías y estériles adoctrinamientos; de quien supo ver en nuestra tradición literaria, ahí está su ensayo Cervantes y la libertad, un vestigio insuperable de crecimiento humano y de conquista de la dignidad; de quien, por encima de todo fatalismo, sólo creyó en la amistad. Y que, con una humildad sincera, lapidaria y tan humana, dejó escrito:

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

viernes, 11 de febrero de 2011

La Generación Nocilla. Opinión de Antonio Guerrero


La Generación Nocilla

 Por Antonio Guerrero



En junio del 2007 fueron convocados para un encuentro literario una serie de escritores españoles con características muy peculiares. Los organizadores del evento fueron Seix Barral y la fundación José Manuel Lara. Poco tiempo después apareció un artículo en Azancot que dio fe del grupo para el mundo literario. A continuación, varios medios, hicieron eco del nacimiento de una nueva forma de literatura, emparentada con  McOndo,  que resaltaba frente a la literatura comercial. Para entonces Helena Evia y Nuria Azancot ya habían designado el nombre que los caracterizaba: Generación Nocilla.  Para investirlos con ese palabra se habían dejado llevar por la trilogía Nocilla Proyect, del autor Agustín Fernández Mayo, inspirado a su vez en una de las canciones de Siniestro Total. No obstante, aquel alumbramiento tuvo más calificativos alternativos fruto del descontento de sus miembros: Luz nueva (Vicente Luis Mora) o Afterpop (Eloy Fernández Porta). Esta última denominación, según Porta, refería mejor a aquel movimiento literario constituido como una forma nueva de estética basada en la respuesta al exceso de simbolismo proveniente de los medios que dejaba abierta las puertas para emancipación ética a través del arte.





En todo caso, desde el punto de vista actual  y más allá de debates identificativos, esta generación de autores nacidos entre 1960 y 1976 tiene muchas características comunes que la separan de otras formas de literatura: recurren con frecuencia a la meta-literatura, a la cultura pop,  al collage, a la hibridación de lenguajes. Las obras de estos escritores no tienen una estructura tradicional. Son trabajos abiertos donde no hay principio ni final. La idea de fragmentación se hace eco en ellos con caracteres esenciales. Tal inconformismo con todo lo anterior plantea el merecido diálogo sobre la necesidad huir de los géneros en manos de una nueva generación que desea, sobre todas las cosas, experimentar. Y, realmente, sus trabajos en laboratorium  han creado monstruos atractivos nunca ante erigidos.
Si es verdad que los trabajos plantean críticas políticas y sociales; pero en el panorama estético actual, en el que el pensamiento artístico se ha abierto un hueco razonable, este tipo de reflexiones son apropiadas como argumentos de sus nuevas formas. Y es que, podemos decir, que la estética en general se ha ganado el derecho a ejercer el pensamiento filosófico a través del arte. Ya se superaron, afortunadamente, las fronteras Kantianas y Hegelianas sobre lo formal. También se sobrepasaron los límites de Greenberg sobre el arte moderno (el final del arte). Y lo dijo Danto: existe un después del fin del arte. En este momento en el que las intervenciones y acciones artísticas van más allá de lo mero conceptual, plantear que exista una Generación Nocilla en literatura no es algo posible sino necesario.
El autor debe comprometerse con la innovación, además. Y tiene que hacerlo como reacción al mundo en el que vive. El contexto en el que se mueve es hostil: es un mundo post-utópico lleno de la manipulación de los medios y de una crisis completa de identidad (Lacan). El escritor, por tanto, no puede quedarse postergado solo en la decepción de lo real.  Debe hacer una crítica contra la alineación y contra las normas comerciales que coartan las emancipaciones. Le incumbe reponer las fundamentaciones y argumentos causados por la era del vacío actual. (Lipovetsky)
Plantear en nuestra situación postmoderna una nueva forma de literatura basada en el inconformismo nos beneficia a todos. También a todos aquellos que están en contra del arte actual como un arte anestésico, que nos dirige hacia una razón cínica patológica. Había necesidad de inventar algo para salir de allí. La Generación Nocilla se escapa de todas esas dormideras. Tiene su espacio propio, minorista, auténtico, original, y sobre todo deja abierta la opción a la ética. Tal como dijo Ranciere: debemos emprender un viaje ético hacia la estética.

Para finalizar -y justificar- la Generación Nocilla, citaré a algunos de los miembros de esta prole: Jorge Carrión, Ely Fernández Porta, Javier Calvo, Vicente Luis Mora, Gabi Martínez, Agustín Fernández Mallo, Mario Cuenca Sandoval, Álvaro Colomer, Germán Sierra, Lolita Bosch, y Manuel Vilas.



Antonio Guerrero es Diplomado en Relaciones Laborales. (U.H.U.) y Estudiante de  Filosofía. UNED. Almería.  

jueves, 10 de febrero de 2011

Pintores del Siglo XIX en el Patio de Luces. Opinión de Antonia Bocero

Pintores del Siglo XIX en el Patio de Luces

En el Patio de Luces de la Diputación de Almería se desarrolla actualmente la muestra “Pintores pensionados por las diputaciones andaluzas”, que recoge una colección de pintura formada con las obras de una serie de artistas que fueron becados en S. XIX y parte del XX para realizar estudios fuera del país. Estos viajes tenían como destino principal las ciudades europeas de Roma, París o Florencia, en las que nuestros artistas buscaban lección de las corrientes reinantes, y era un periplo que maestros anteriores ya habían hecho. Conviene anotar que los pintores españoles estaban bien valorados fuera del país, pues la personalidad artística de España queda confirmada en Europa en el S. XVII (Velázquez, Zurbarán, Ribera), se impone en los S. XVIII y XIX con Goya, Zuloaga, y en el XX con su destacada aportación a las vanguardias, a través de Picasso, María Blanchard, Dalí y tantos otros.



En nuestro entorno, la pintura costumbrista y de historia predomina en el S. XIX, y como apreciamos en la exposición, es de corte académico, un estilo obligado para el artista que se acogía a una beca oficial o entraba como alumno en alguna Academia. En la exposición no hay grandes cuadros del XIX (para eso hay que ir al Prado donde están Federico Madrazo, Pradilla, Rosales…, con unas obras en las que la emoción, si gusta la pintura, está asegurada); ahora bien, en ella hay cuadros muy interesantes y algunos destacan por su calidad pictórica, como “Niño con cisne” y “El paje”, lienzos de gran equilibrio entre los elementos que los integran, con un trabajo de color elegante, sin confusión en los tonos y acabado de buena factura. Dentro de los buenos lienzos, un estudio de figura a destacar es el cuadro “José en la cisterna”, de Antonio Reina Manescau -considerado un buen paisajista de temas andaluces-, en el que el autor nos acerca más al ser humano que al personaje histórico.
Dos son las piezas que aporta la Diputación de Almería: “Rendición de Almería” de Juan Fernández Corredor y Cruz, y el tema religioso “San jerónimo”, de José Díaz Molina, una estampa del santo políglota, que según la tradición fue el hombre que en la antigüedad más profundizó en el estudio de la Biblia. Este último cuadro habla del trabajo y la penitencia (la lectura, la calavera), y le valió al autor almeriense un aumento en la pensión que ya disfrutaba, y que su obra fuera expuesta en el escaparate del comercio “Las filipinas”, un lugar por entonces muy transitado. 



Otro lienzo a señalar es “La escudilla de Diógenes”, de José Moreno Carboneo, que retrata la escena en que el filósofo se deshace de su escudilla al ver a un niño beber en el cuenco de sus manos; un mensaje que va directo a esta sociedad del derroche, y que resume el pensamiento de este hombre genial. Por otro lado, “La muerte de Lucrecia”, de Federico Buendía, es una réplica del majestuoso cuadro de Eduardo Rosales que con todo su vigor se exhibe en el Prado; habiendo sido tratado el tema de “Lucrecia” por todos los grandes de la pintura (Tiziano, Rafael, Dudero, Rembrandt…), por la escultura, la literatura (Shakespeare), la música (Händel, Britten). También “Isabel la Católica firmando su testamento”, de Tomás Muñoz Lucena, y réplica del impresionante cuadro de Eduardo Rosales. Y terminamos con “Últimos días de Numancia”, de Rafael Hidalgo de Caviedes, réplica también del pintado por Alejo Vera, y que en su día obtuvo la máxima calificación por parte de la Academia de San Fernando.
En resumen, un viaje al pasado a través de la pintura, lleno de guiños al arte, la literatura, la historia…
 
Antonia Bocero nace en Córdoba. Es escritora y ejerce la Crítica de arte en La Voz de Almería. Sus dos últimos libros llevan por título “Creación y Trayectoria del grupo Indaliano” -un estudio sobre este grupo de pintores creado por Jesús de Perceval en los años 40-, y el poemario “Ángel de Guerra”, publicado por Ediciones Vitruvio.

lunes, 7 de febrero de 2011

Miguel. Opinión de Rafael Carcelén


Miguel


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


Orihuela 2010: Año Hernandiano. Porque el pasado 30 de octubre, de estar vivo, Miguel Hernández cumpliría cien años. Muerto con solo 32, su vida estuvo condicionada por el paisaje que lo impregnó en su ciudad natal, el optimismo y la apertura en el ambiente cultural del Madrid republicano y la crueldad de una guerra que acabó con las esperanzas de toda su generación. Tierra, optimismo y crueldad: tres palabras esenciales para entender a este poeta pasional e irreductible. Aunque con pasajes quizás controvertidos, quien quiera conocer a fondo su vida encontrará en la biografía de José Luís Ferris publicada por Planeta en 2002 un trabajo que recoge y sintetiza todo el material preexistente de un modo coherente, ameno y accesible.



La senda hernandiana recorrida para llegar a este centenario viene marcada por algunos apretones de manos y múltiples reproches y desencuentros. Los Ayuntamientos de Elche y Orihuela, la Fundación Miguel Hernández –dependiente de la Consellería de Cultura-, el Ministerio, los herederos del poeta o las distintas asociaciones que llevan su nombre, a duras penas se han sentado en una misma mesa para coordinar propuestas. Quién ha de dirigir los eventos, el logotipo o los derechos de imagen constituyen algunos tramos de esta tortuosa senda. Resumiendo mucho, el problema radica en el afán de protagonismo o en la obtención de beneficios que, a costa del poeta –auténtico protagonista-, algunos anhelan conseguir. La semana que viene les hablaré de la situación de su legado en la actualidad.

Cuando en 1992 se conmemoró el cincuentenario de su muerte, yo dirigía el colegio ilicitano que lleva su nombre. Con tal motivo realizamos un amplio conjunto de actividades en las aulas y nació un certamen poético escolar de carácter provincial que sobrevivió siete convocatorias más y con cuyos mejores trabajos se logró editar hasta tres libros antológicos que se distribuyeron por los colegios de la provincia. Igualmente, y en colaboración con el grupo LEO, elaboramos un cuadernillo de trabajo patrocinado por la Diputación para acercar su obra a los escolares y personalmente colaboré en un monográfico conmemorativo con trabajos en torno a la aplicación didáctica de distintos aspectos de su trayectoria y que sirvieron también de soporte para organizar las actividades en torno a la Senda del Poeta que cada año se realiza. Como entonces, en esta ocasión habrá otro Congreso internacional, reediciones de su obra, exposiciones, películas, recitales, etc. sin duda interesantes, o Hijo de la luz y de la sombra: el nuevo disco de Serrat sobre textos del poeta que iniciará su gira el 23 de marzo en Elche, y que también encontró escollos en los herederos, quienes avalan como proyecto estrella del centenario una superproducción titulada Miguel Hernández: sumario 21.001.  



A mí, el mundo hernandiano me ha proporcionado un buen puñado de amigos, la posibilidad de acceder al legado auténtico del poeta o poder conocer a personas como Cerdán Tato, Julián Antonio Ramírez (la voz de Radio París durante el franquismo) o el poeta belga Germain Droogenbroodt -con quien traduje algunos poemas al neerlandés- y que han contribuido a consolidar mi profundo afecto por la poesía de Miguel. Porque, como escribí ya entonces en un artículo publicado en Información, el mejor homenaje, el homenaje de los homenajes no es otro que “leer a Miguel Hernández”. O, si ya lo han hecho, releerlo como pienso hacer yo nuevamente. Todo lo demás, siendo importante, viene después.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.