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domingo, 5 de diciembre de 2010

DE NUEVO UN DÍA DE... Opinión de Begoña Leonardo

Por Begoña Leonardo


DE NUEVO UN DÍA DE...

El Sida, sigue siendo una enfermedad actual y aunque nos hayamos relajado con la excusa de pertenecer al primer mundo, o no estar entre comillas entre los grupos de riesgo; la realidad es, que el número de afectados aumenta, no de forma alarmante en España, pero aumenta. La importancia de estar informados y poner los medios, es fundamental.  La iglesia sigue obstinada en obstaculizar el medio más eficaz. Sino existieran personas en el mundo que utilizasen en sus relaciones sexuales el preservativo, entonces cómo estaríamos. Pero a ellos les da igual. Mantener a la gente en la ignorancia ofreciéndoles a cambio de una vida casta y pura, el cielo con Dios Padre a su lado, es su labor...


Hoy sabemos que la enfermedad es crónica, por lo menos, para una parte de la población, que puede disponer de los fármacos necesarios y novedosos. Pero en África, no es así. Allí llegan los que aquí no se utilizan, los obsoletos, tal es el retraso con respecto a nosotros, que siguen muriendo sin apenas esperanza.

Todo esto cualquier persona lo sabe, pero la enfermedad sigue siendo un estigma. Para un enfermo infectado con el VIH, aún sin padecer la enfermedad, es un trauma terrible mantenerlo en secreto. Hablamos con naturalidad de casi todas la patologías, hasta del cáncer, se nos anima ha hacerlo. Los medios de comunicación, los especialistas, repiten hasta la saciedad que hay que contarlo, que hay que sacarlo de dentro, que es muy importante compartir, para que los demás acepten lo que pasa y así ayuden... Pero la hipocresía es tan grande y nos falta tanta educación en la tolerancia, en el respeto, que de esta enfermedad, pocos son los que se atreven a reconocer que la padecen.
Los efectos, los daños irreparables que puede sufrir un niño, por ejemplo, que se entera de que su padre o madre tienen Sida, viviendo en una sociedad que se avergüenza,
porque de esto sólo se habla cuando salen algunos personajes medíaticos por televisión, colgándose medallas y exclusivamente el día de hoy...
Contarlo no es fácil,  se ha demonizado tanto a los enfermos en sus primeras épocas, que tendrán que pasar muchos, muchos años para que el Sida se considere una enfermedad, que al hablar los portagonistas de ella, no tengan siempre que añadir la coletilla, de cómo fue su contagio y/o justificarse.
Me parece vergonzoso que se pregunte a un enfermo de sida cómo es que te pasó. Porque, sí,  hay conductas de riesgo, pero para todos... Son demonios los que tienen cáncer, son demonios los que tienen diabetes, son demonios los hipertensos, etc... Aun sabiendo que muchos de sus compotamietos durante años han lesionado su  salud, no los hacemos responsbles, y sin embargo a estos sí.

Dejemos que los que han contraído el VIH sean como los demás enfermos. Personas  que con tratamiento pueden llevar una vida. O sea, como tú y como yo.

Begoña Leonardo: Trabajadora de la palabra... autónoma a ratos, madre a tiempo completo, poeta siempre y sin opción. Escribo para diferentes medios como freelance, y en formatos digitales, blogs, revistas literarias... 

sábado, 29 de mayo de 2010

AY, LA FAMILIA DICHOSA!!!! Opinión de Begoña Leonardo

Por Begoña Leonardo



Me cuesta mucho, pero mucho, no pensar en la familia como el recurso más rentable de la sociedad actual, en la que según todos los informes más avezados, faltan valores, falta solidaridad y faltan los principios morales que tanto se preocupó de inculcar, otra familia; la Santa Madre Iglesia, "Católica", por su puesto, otra, no podía  ser. Claro que, siempre desde los altares, desde el Vaticano, entre oropeles y bien repantingados...

Me explicaré: En estos tiempos de paro, epidemia que además los empresarios aprovechan para que se convierta en lo más contagiosa posible, pues con la excusa de la crisis, se cargan a cualquier empleado que se esté convirtiendo en contestatario, picajoso o que simplemente viendo lo que se avecina, opina y quiere que se le reconozca su trabajo. Esto me recuerda lo que contaban de la guerra civil, donde con la excusa de la guerra, al vecino que no le caía bien éste o aquél, o con el que había alguna rencilla, se le  acusaba de pertenecer al otro bando y con eso ya estaba aniquilado, ya no volvía a estorbar...

Quien está en este país, sacando a las personas adelante, a los parados adelante, a los divorciados adelante, a los niños adelante... Son esos mayores que cotizaron lo que nosotros no vamos a poder cotizar, que con su sangre, su sudor y sus muchas  lágrimas, dejaron de atender a sus hijos y a sus conyuges por buscar en Francia, en Alemania, en Suiza, un futuro. Y regresaron a la patria, descuajeringados, pero siguieron trabajando hasta que les llegó la edad de la jubilación. Y que ahora llevan sobre sus espaldas, el peso de criar a nietos y quitar el hambre e incluso la hipoteca, a sus hijos que se quedan en la calle, desahuciados, desesperados, y sin ganas ni ilusión para levantarse por las mañanas...

Pues bien; dichoso el que tiene padre, madre que cobra una pensión por pequeña que sea, que tiene una vivienda en propiedad, por modesta que sea, que aunque en un pueblo sin apenas vecinos, del que salió para estudiar y labrarse un porvenir, ahora puede labrar la tierra, donde plantar un par de lechugas y poco más...
Dichoso digo, el que puede recurrir a la familia, meterse de nuevo entre las faldas de la madre o las faldillas del brasero cuando le haga falta y tirar hasta que esto amaine, que no tiene pinta de amainar...
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Begoña Leonardo : "Trabajadora de la palabra... Autónoma a ratos, madre a tiempo completo, poeta siempre y sin opción. Escribo para diferentes medios como freelance, y en formatos digitales, blogs, revistas literarias..." 

lunes, 19 de abril de 2010

OPINIÓN: SI HABLAMOS DE LO VULGAR... por Begoña Leonardo

Por Begoña Leonardo


El origen etimológico:
Vulgar; perteneciente al vulgo, al pueblo llano.
Di-vulgar; intentar que algo sea conocido por el mayor número de personas.
La ordinariez o el mal gusto, la ausencia de modales o de elegancia. Algo que es muy de nuestro tiempo, ya en la antigüedad era motivo de estudio y aunque, salvando las distancias, tiene mucha relación con lo que Teofrasto 372 a.C (sucesor de Aristóteles en la escuela Peripatética, destacado estudioso de la ciencia y reconocido por sus tratados de botánica), en la obra “Los caracteres”, plasmó un breve, vigoroso y mordaz boceto de los tipos morales. Donde deja patente que la rusticidad es “la ignorancia carente de modales”.
Estamos acostumbrados a observar y a sufrir a través principalmente de la televisión, la vulgaridad tanto en su expresión verbal como no verbal. Con el pensar, pero también con el hacer. Según Teofrasto, cuando alguien es vulgar, lo es en todo. Y lo es definitivamente porque no sabe que lo es, o sea, que es tarea casi imposible ponerle remedio.
La vulgaridad, por tanto, nace de la ignorancia, el desconocimiento de ser vulgar, llegando al extremo incluso, de verse en ocasiones a sí mismo como alguien excelso y refinado. Sobre todo cuando se tienen alrededor bufones preocupados exclusivamente de las audiencias, que aplauden y vitorean estos comportamientos deplorables, que solo contribuyen a que el mal gusto se generalice. Mostrar personas que saben estar, educadas, atentas, cordiales, respetuosas con sus semejantes y con una preparación, no es rentable.
Cuando se conjugan; vulgaridad, ordinariez, grosería... el resultado puede ser “la mala educación”. Aunque, independientemente, una persona vulgar no tiene por qué ser maleducada, porque la vulgaridad no es un asunto ético, sino estético.
Nadie nace vulgar, pero cultivar lo vulgar, cultivar lo que nos regalan estos patrones que influyen sobre todo, en gente que no se atreve a mirar un poco más allá, o en los que por su escasa preparación, luces o edad, simplemente se quedan enganchados a la pantalla, para ver personas que se enfrentan, que se despellejan... que aluden a familiares, a los que dicen que quieren y que por ellos “ma-tan”, que salpican de mierda a todo el que se acerque, que pase por allí. Contribuyen de manera nefasta a que miremos donde miremos, no encontremos en lo vulgar; lo llano, lo del pueblo, sino lo soez, barriobajero y falto de modales.
Desgraciadamente, muchas personas pasan las mañanas, las tardes, las noches, sin ningún objetivo lúdico más cerca. Sin acudir a un museo, a un teatro, sin acariciar un libro entre sus manos. Sin ninguna experiencia próxima a la cultura, sin ninguna conversación medianamente interesante. Hemos pasado del patio de vecinos a la pantalla, con sólo pulsar un botoncito del mando a distancia. Acomodados en el sofá, millones de espectadores disfrutan a la vez del espectáculo, pero padecen de manera individual, una existencia hueca.
“Hay un vulgo en todas partes” que decía Graciano, refiriéndose a la Corte Corintia...
Cualquier necedad es vulgar y la necedad es igual a bobería.
Seamos críticos, no bobos.
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Begoña Leonardo : "Trabajadora de la palabra... Autónoma a ratos, madre a tiempo completo, poeta siempre y sin opción. Escribo para diferentes medios como freelance, y en formatos digitales, blogs, revistas literarias..." 

sábado, 13 de marzo de 2010

OPINIÓN : SE ME HA MUERTO OTRO MAESTRO... Miguel Delibes, por Begoña Leonardo


Por Begoña Leonardo

Hablar de Miguel Delibes es muy fácil, entender al maestro un orgullo y tener la posibilidad de encontrarlo por Campo Grande (Valladolid) una realidad al alcance de cualquiera, hasta hace muy poco.
Como Castellano Leonesa, acercarme a la prosa de este escritor, fue obligado, y en mi adolescencia leí muchos de sus primeros libros, porque su lectura era irremediablemente programada en los institutos.
Al contrario de otros autores, desde el primero "La sombra del ciprés es alargada" 1948, el impacto emocional, visual, intelectual que recibí, fue brutal. La pulcritud de su castellano, la falta de retórica, la limpieza,  grandeza y originalidad de un lenguaje puro, desarrollado desde la honestidad. Hizo que me enamorara sin complejos de la palabra de este maestro.
Más tarde leería; "Aún es de día" 1949. "El camino" 1950. "Las ratas" 1963. "Cinco horas con Mario" 1966. "El disputado voto del señor Cayo" 1978. Los santos inocentes" 1981. "Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso" 1983. "Señora de rojo sobre fondo gris"...  Y algunos más, pero estos son mis preferidos, mis indispensables. Todos me han hecho pasar momentos inolvidables y aprender, o intentarlo al menos, a utilizar el idioma de Cervantes, del que decía; que no necesitó más que recorrer cuarenta kilómetros para ser el más grande escritor de lengua castellana de todos lo tiempos, y añadía, no se necesita ir a ninguna parte para escrirbir.
El escribió de lo que conocía, de los suyos, de su tierra, de una tierra que cogía con sus manos, y hacía de este hecho una experiencia viva.

Os contaré un anécdota a modo de ejemplo de lo que es nuestro carácter, sobrio que a veces se confunde con antipático o distante.
Elisa Delibes fue mi profesora de literatura española; cuando me enteré me sentí nerviosa y esperaba que ella, la hija de mi admirado escritor, pudiera  ofrecerme de su padre todo lo que yo anhelaba. Recuerdo que le insistía en que nos recomendara alguno de sus libros en concreto, que nos diera pistas sobre el proceso creativo, algo más... El estar delante de un ser tan cercano a él, para mí significaba una oportunidad. Deseaba que ella abordara al autor desde un punto de vista diferente, pero ella nada, empeñada en que nos ocupáramos de cualquiera menos de su padre.
Me irritaba tanta distancia, que ahora comprendo un poco mejor. Y valoro la discreción, la modestia y la honestidad de un hombre que siempre supo estar en su sitio, y que educó a sus hijos en esos valores.
Un hombre trabajador, un escritor, un contador...
Con la palabra exacta, sin aspavientos, dedicándole su vida y conocimiento a lo sencillo del existir.
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Begoña Leonardo : "Trabajadora de la palabra... Autónoma a ratos, madre a tiempo completo, poeta siempre y sin opción. Escribo para diferentes medios como freelance, y en formatos digitales, blogs, revistas literarias..."