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jueves, 24 de junio de 2010

La generación sublime. No hay estética sin ética. Opinión de Bruno Jordán

La generación sublime. No hay estética sin ética

 Bruno Jordán es escritor y periodista.
       Abochornado más que desilusionado leí –y vi- el reportaje sobre jóvenes poetas actuales que previamente me había anunciado una de las reportadas que publicaría El País Semanal el pasado 13 de junio. Ante el espectáculo presentado y contemplado, sentí el impulso de escribir y publicar algo aquí que me distanciase diametralmente de todo aquello pero pronto lo frenó la probabilidad de que –de hacerlo- acaso posicionaría involuntaria e indirectamente a este periódico que coordino y a la revista Poe +. Ambas publicaciones se posicionan, claro está, pero lo hacen por la vía de los hechos, de sus contenidos y formatos.
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Ahora me brinda Jesús Belotto -de forma inesperada y gratificante- un Pisuerga que me conduce acogedoramente hasta donde quería llegar, a Valladolid. No solo porque coincido del todo con lo que dice y cómo lo dice; también porque me abre la puerta para expresar una reflexión que vengo madurando desde hace ya tiempo y que, en mi opinión, subyace como fondo real de lo acontecido: la ética de la estética.
Se cuenta –y a fe que debe ser verdad- que cuando Franco expulsó a Aranguren de su cátedra de Ética en Madrid, José María Valverde dimitió solidariamente de la suya de Estética en Barcelona con una carta al Caudillo en la que le decía escuetamente Mi general: no hay Estética sin Ética.
Y es eso. Ambas vertientes tienen que armonizar en las creaciones “artísticas”; “po-éticas”, en este caso. Hay quien ha pensado que el reportaje “armoniza” con bastante precisión las concepciones de los reportados sobre ambos aspectos. De ser así, creo que voy seguir intentando estar en sus antípodas.
El reportaje “ilustra” certeramente el terreno, digamos “clásico”, donde se ha venido moviendo ancestralmente “la poesía”. Uno de los peores papeles que ha desempeñado es el de servir de forma de expresión pretendidamente excelsa para las clases más cultas, poco accesible para quienes no podían conseguir esa cultura. Una manifestación de la segregación social que, retro-alimentariamente, la perpetuaba. Poetas excelsos excelsamente ataviados y retratados en bucólico ambiente (y eso que son claramente urbanos los poemas y se autoreconocen los poetas, me apuntaron) que prontamente se prestan sin más -bueno, sí, con su beneficio y su narcisismo incrementados- a ser fagocitados  funcionalmente por la supuesta estética sin ética (esto último, nada supuesto) que practican también funcionalmente los mass media para “la sociedad”. Me sorprende realmente que los poetas “report(r)ajeados” no repararan siquiera en el hecho de que alguna de las prendas que lucían podía haber sido fabricada realmente por una niña filipina o un niño pakistaní.

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“La sociedad es burda”, define Lorenzo Plana, “es grosera”, matiza con elegancia sublime Antonio Lucas. ¿La “sociedad”? ¿El “sistema”? ¿El “poder”? El orden bajo el que vivimos social, económica y mentalmente. Finura entomológica para los adjetivos, confusas abstracciones para los sustantivos. Dejaremos así que lo poético siga siendo acaso estéticamente calificativo, pero escasamente sustancial.


Como buenos poetas “con oficio” –queda mal eso de llamarle profesión- evidencian una nítida vocación generacional. “Por primera vez no hemos sentido necesidad de matar al padre (la poesía de la experiencia) o reivindicar al abuelo (los novísimos)”, manifiesta Javier Rodríguez Marcos. Está claro: si “alguienes” tienen padres y abuelos ergo… son una nueva generación. ¿Sutil silogismo? No, burdo, grosero...


             Una afición "Generacional" (dios, ¡qué inclinaciones a encasillar y simplificarlo –lo contrario de hacerlo sencillo en este caso-  todo!) que incluso podía haber seguido con otro burdo, grosero, silogismo: si Machado, Lorca o M. Hernández pertenecieron a "la generación del 27", si Ángel González o Gil de Biedma pertenecieron a "la generación de los 50", si Luis García Montero pertenece a la generación de la poesía de la experiencia, si yo pertenezco a otra generación... ergo... ¡soy equiparable a ellos! 


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Con el reportaje se ha dejado bien alto el Panteón poético. Me apuntan también, a este propósito, que el Edén es la huida, el símbolo de haber sucumbido, representa la derrota sin paliativos; pero no, esta vez no; el Edén sigue siendo la morada a la que es condenada por la mayoría -el propio reportaje es muy ilustrativo y protagonista en esto- a los poemas, al "arte", a la cultura. Incluso al saber. Es la morada de los sublimes.




Bruno Jordán es escritor, poeta y periodista, amén de otras muchas cosas (de la mayoría de ellas, incluídas las anteriores, solo pretende ser).

domingo, 30 de mayo de 2010

El proyecto del periódico Alteridad. Opinión de Bruno Jordán

El proyecto del periódico Alteridad

 
Bruno Jordán es escritor, poeta y periodista.

 
     La salida a la luz del periódico y su paulatina consolidación es una parte sustancial del conjunto del Proyecto Alteridad, del que ya hablaré con mayor detenimiento en otra ocasión posterior.

La cabecera de Alteridad lleva por lema, como veis, “Periódico digital para la difusión cultural”. Se descartaron opciones como “… para la difusión del conocimiento” o “… para la divulgación del saber". Probablemente hubieran resultado demasiado pretenciosas. Aunque es verdad que esos son sus más ambiciosos y lejanos objetivos.

Es un periódico y, en tanto que tal, debe actualizarse frecuentemente, debe dar noticias, debe tener variadas secciones… Y necesita de quienes lo construyan y lo lleven adelante. El “lectorado” ya viene construyendo bastante en cuanto a noticias y sugerencias. Para llevarlo adelante son necesarias también ocasionales colaboraciones en algunas de sus secciones, colaboraciones habituales en cada una de ellas y personas que se vayan encargando del mantenimiento y desarrollo de cada sección. Todo esto es un proceso que precisa de tiempo y que está germinando satisfactoriamente.

Es digital, por lo que debe aprovechar la agilidad, la interactividad y la interconexión cibernética de la información como ejes de este nuevo periodismo que ahora se posibilita. Los corsés de los blogs –o de los “árboles de blogs”, como es el caso actual de este periódico- limitan acusadamente la vivacidad de su lectura. A medio plazo, Alteridad necesita de una página web creada específicamente para este periódico en concreto y, cuando menos, de un formato parecido a los que se utilizan para estructurar y recombinar la información en los periódicos on-line “al uso”. Estamos en ello y se invita a que, quienes puedan y estén interesados, envíen propuestas concretas.

Tiene como finalidad la difusión. Requiere, además de la obtención de fuentes de información solventes, el acceso a recursos y plataformas cibernéticas transmisoras y, más o menos exponencialmente, extensoras del número de lectores. El atávico y entrañable “boca a oreja” no deja de ser por ello un inapreciable amparo para tal finalidad. También avanzamos, pero lo haremos más y mejor con sugerencias concretas.

Y el "objeto" a divulgar es la cultura. Al principio nos hemos atenido al concepto más clásico y común del término “cultura”. Pero la entendemos en un sentido mucho más general, más integral y más “universalizable”. Ya mencioné antes términos como “saber” o “conocimiento”. Así la entendemos y en esa dirección queremos emprender más abiertamente ahora el rumbo. También paulatinamente.

Bruno Jordán es escritor, poeta y periodista, amén de otras muchas cosas (de la mayoría de ellas, incluídas las anteriores, solo pretende ser).

miércoles, 28 de abril de 2010

La política (con y sin comillas) cultural en Murcia (ciudad). Opinión de Bruno Jordán.

 
Bruno Jordán es escritor y periodista.


La política (con y sin comillas) cultural en Murcia (ciudad)       
            Buena parte de quienes menean el cotarro cultural en Murcia (ciudad), particularmente un estimable número de quienes lo hacen al amparo directo o indirecto de entidades públicas, parecen haber optado por seguir una línea warholiana:  quince minutos de gloria para cada cual. Como el imposible Agua para todos institucional.
El mecanismo es simple como el de un chupete: se organizan eventos –me refiero concretamente a los de índole más o menos poética- con numeroso(a)s intervinientes. Con su presencia y la de sus familiares y/o amigo(a)s, el aforo está garantizado. Hay, incluso, quienes van mucho más allá: organizan actos maratonianos con intervinientes no ya numeroso(a)s, sino innumerables. Entre la espera de cada cual y la de sus amigo(a)s o/y familiares, el aforo continuo está medio garantizado. Cuantiosos fondos públicos.
La cosa tiene, como casi todo, una parte buena: lo poético se transmite y se comparte de manera personal y directa. Es la parte humana de lo poético.
Pero la parte mala es mayor con creces: lo poético queda entre quienes de una manera u otra formamos parte de ese mundillo. Nos escuchamos, leemos, compramos, vendemos y hasta juergueamos uno(a) con otro(a)s. La mayoría de la población esta(mos) mucho más pendientes de Messi y/o Cristiano Ronaldo. Es -acaso- la parte cruel –y también acaso- humana de lo poético. Hasta ahora lo ha sido.
Algo habrá que hacer. Pero eso es motivo de otra opinión en Alteridad.

sábado, 20 de marzo de 2010

Opinión: La poesía visual como temática ocurrente y, repetitivamente, encima, recurrente. Por Bruno Jordán

 
Bruno Jordán es escritor y periodista.


 La poesía visual como temática ocurrente y, repetitivamente, encima, recurrente.
 ( Ad hoc, especialmente para intentar, si es posible, añadir algo a la opinión de César Reglero)

Lo ocurrente, per se, es ocurrente.  Más o menos en ese polisémico –y tautológico- per se. A veces es poético y a veces es solamente ocurrente. En ocasiones, ni eso. Otra cosa es que pretenda hacérsenos pasar por poema visual todo ello.  Incurro yo en eso.  Me temo que no el  último.
Más allá, observo con preocupación, la recurrencia temática. La pipa de Magritte, la letras del abecedario castellano, los corazones gráficos, los salvavidas (literal, solo)...
Incurro yo también. Me temo –asimismo- que no el  último.
Ya creo haber aprendido -en buena medida- que todo acto creativo tiene raíces anteriores. Quizá no pueda ser de otra forma. Pero las raíces crecen y se adaptan. En ocasiones, generan nuevas especies, fruto de ello.

Acaso sea importante aprovechar esa posibilidad.
Bruno Jordán

Bruno Jordán es escritor, periodista, amén de otras muchas cosas (de la mayoría de ellas, incluídas las dos anteriores, solo pretende ser).

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sobre Alteridad. Opinión de Bruno Jordán

 
Bruno Jordán es escritor y periodista.




Alteridad no es que no tenga la connotación de solidaridad, sino de movimiento de curiosidad hacia lo extraño, lo no-propio, como hay quien piensa.  Alteridad, al igual, que Solidaridad, es un concepto-conducta, no es como el de silla. Lo abstracto de lo que tiene en cuanto concepto, adquiere sentido únicamente cuando existe al tiempo la praxis de los actos. Lo adquiere no solo formalmente. También literalmente. 


Pese a que el término ha albergado diferentes -y frecuentemente contradictorios- contenidos a lo largo del desarrollo filosófico, lo uso y lo concibo como incontrovertible (¡válganos Popper!) heterogeneidad del Yo y su Ser en relación al resto de realidades, sean pensadas o generadas por los actos. La admisión de esa heterogeneidad, aprendida con y del Otro, facilita, frente al de competencia, el principio de cooperación, que quizá sea la base imprescindible para la supervivencia de nuestra gregaria especie humana.
Lévinas –a quien la mayoría atribuye su uso actual- separó con precisión las fronteras entre términos cuyo uso era generalmente concomitante y hasta sinónimo: empatía y solidaridad. Intentó establecer que alteridad era otra cosa que, además, las incluía.
Concluyó –yo coincido- en que “lo existente, que da sentido a los entes en el mundo, produce una impersonalidad árida, neutra, que solo podría ser superada en el ser-para-el-otro, como momento ético de respeto a la alteridad. La relación del Yo respecto al Otro, en su dimensión de temporalidad y trascendencia, no es el hecho de un sujeto aislado y único, sino que adquiere la  significación auténtica en la apertura hacia los otros, en una perspectiva diacrónica. Si podemos transmitir la existencia por la palabra, pero no podemos compartirla en el ámbito del saber, ¿qué tipo de comunicación con el ser puede hacernos salir de la soledad? Nunca más un ser para la muerte sino un ser para el Otro. El tiempo no debe ser una experiencia de duración, sino un dinamismo que nos lleva para otro lado diferente de las cosas que poseemos, un tiempo como relación con una alteridad inalcanzable y así producir una alteración del ritmo y sus giros”.
Como humanos, alteridad para sobrevivir, solo alcanzo a decir.

Bruno Jordán



Bruno Jordán es escritor, periodista, amén de otras muchas cosas (de la mayoría de ellas solo pretende ser).