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domingo, 10 de abril de 2011

La escucha. Opinión de Rafael Carcelén

La escucha



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


No podemos escuchar si no prestamos atención a lo que oímos, si no hay voluntad de comprender lo que nos llega al oído. ¿Cuántas veces, en cuántas situaciones, no nos hemos sentido escuchados?. Otras muchas ponemos cara de interés, pero lo que realmente hacemos es pensar qué le vamos a contestar a nuestro interlocutor cuando acabe su turno de palabra. Según los expertos, la mayor parte de los problemas en las relaciones interpersonales estarían generados por la escasa comunicación entre nosotros. O simplemente porque no nos escuchamos con la atención debida los unos a los otros.



Los adolescentes, por ejemplo.  Esa actitud paternalista hacia ellos, interrumpiendo sus puntos de vista con nuestra perspectiva más experimentada o minimizando sus angustias quitándole importancia a lo que les ocurre, son el síntoma más evidente de que no los estamos escuchando. Por el contrario, el simple hecho de que los dejemos explayarse, que perciban que los atendemos, puede generar una corriente de confianza que favorecerá un clima más sincero y a la vez la tranquilidad y la seguridad de quien se siente más valorado que vigilado en sus actividades cotidianas.

No sabe hablar quien no sabe escuchar, vino a decir Plutarco. Sin una escucha activa no podemos crear. Lo ha señalado J. A. Valente: “se escribe por pasividad, por escucha, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir”. Sin esa escucha extrema, sin esa agudeza para percibir hacia dónde dirigirse cuando todo parece perdido, tampoco los científicos avanzarían: Newton, Marie Curie o Einstein fueron paradigmáticos en esto. En el terreno político, por ejemplo, ¿sería posible consenso alguno, satisfactorio para las partes, sin una mutua y atenta escucha?. Cualquier auténtico pacto constituye la síntesis de la cesión de unos y de otros, del reconocimiento mutuo y todo ello la consecuencia lógica tras habernos escuchado.

Mapa del Neolítico europeo

Se calcula en más del doble que la actual la agudeza auditiva del cazador neolítico. No creo que haya actividad humana donde no sea importante saber escuchar. Pero cuidado: ¿de verdad nos está escuchando el dependiente que con cara sorprendida –como si fuese la primera vez que oye una petición como la nuestra- acaba vendiéndonos lo mismo que al cliente anterior?; ¿de verdad nos escucha el terapeuta experto cuando, previo pago y tras diseccionar nuestro discurso, termina diciéndonos lo que queríamos oír?. La auténtica escucha siempre es activa,  al tiempo que receptiva y no condicionada previamente. Y empieza por escucharnos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, en primer lugar. Al loro.



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

miércoles, 6 de abril de 2011

La base. Opinión de Rafael Carcelén

La base



Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 



Acabando el curso pasado, mi buen amigo José Manuel, padre de un alumno que tuve hace años, me transmitía su inquietud por las carencias estructurales de su hijo ya desde Primaria para, por ejemplo, comprender bien un texto o expresarse por escrito con cierta fluidez. Se lamentaba, también, de haber apostado más por su formación tecnológica (informática sobre todo) descuidando algo tan básico como las competencias lingüísticas y que terminando ya la Secundaria iba a ser difícil de recuperar. Y coincidíamos ambos en que sin una base sólida en comprensión y expresión, cualquier otro aprendizaje resulta mucho más difícil de asimilar.

Casualmente, unos días después leí una entrevista con José Antonio Marina donde se preguntaba “¿para qué les sirve tener acceso a toda la información que hay en Internet si luego no entienden una frase de más de diez palabras?”. Efectivamente, pensé, he ahí el quid de la cuestión de nuestra enseñanza hoy. “Estamos tan sumamente fascinados por el uso de las tecnologías, que es una cosa que dominan con mucha facilidad nuestros chavales, que tal vez no nos damos cuenta de que es una simple herramienta y que, si no se sabe manejar, vale para cosas muy superficiales”, continuaba el ensayista, metiendo el dedo en la llaga de todos los niveles educativos.



Bienvenidas sean las pizarras con sus videoproyectores, los portátiles en las aulas, las enciclopedias digitales o las clases on line. Pero nada de todo ello puede suplir la necesidad que tienen nuestros alumnos de saber discurrir y seleccionar con criterio, para lo que se ha de trabajar con ellos, concienzudamente y desde los cursos más bajos, en el manejo de aquellas técnicas de estudio y trabajo que de verdad les ayuden a organizar y saber sintetizar toda la información aprendida de un modo racional, estructurado y fácilmente disponible. Sólo entonces, con unas competencias básicas adquiridas y una formación sólida y cohesionada, se podrá acceder a la red con criterios suficientes para afrontar los caóticos saberes alojados en ella y combatir con garantías los innumerables riesgos y peligros que se expanden en la pantalla tras el más candoroso clic.

A mi modo de ver, hay dos aspectos irrenunciables en nuestras escuelas: favorecer una socialización integradora, decisiva para la convivencia saludable de nuestros alumnos, y transmitirles aquellos hábitos de estudio, valores y enseñanzas que les ayuden mañana a desenvolverse como personas formadas, afrontando los nuevos retos (tecnológicos incluso) con garantías y confianza. Que les permitan mantener además una disposición continua para adquirir nuevos conocimientos durante toda su vida. Parece poca cosa, pero estas adquisiciones han de estar presentes de continuo en nuestras aulas, por mucho que haya necesidad de otros saberes hoy tan novedosos o tan punteros.



El propio Marina lo resume en una frase: un burro conectado a Internet sigue siendo un burro”. Y si la escuela ya no es, como antaño, la única depositaria y portadora del saber acumulado, su función socializadora, su formación en valores o su transmisión de técnicas y destrezas para aprender con criterio, aún siguen vigentes para seguir haciendo pie en un mundo cada vez más virtual. Porque sin el basamento, sin el hormigón humanista que aportan las aulas para una formación de verdad integral, difícilmente podrá sostenerse el edificio tecnológico que estamos levantando en este siglo XXI.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Escribir. Opinión de Rafael Carcelén

Escribir




Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 


Como si de una cebolla se tratase, la escritura contiene varias capas o niveles, cada una de las cuales cumple una misión distinta pero que va englobando a las anteriores, teniendo todas en común una función comunicativa y de expresión de nuestro mundo interior. Un primer nivel podría ser el de la exteriorización en bruto de nuestros sentimientos, nuestras inquietudes o el magma conflictivo que puede anidar en nosotros. Los primeros poemas adolescentes surgen de esta necesidad de desahogo y catarsis de todo lo que bulle dentro. Como un volcán en erupción, escribir tiene aquí una función liberadora y terapéutica de gran magnitud. Recordemos,  por ejemplo, que esa gran poeta que fue Sylvia Plath se sumergió en la escritura a propuesta de su psiquiatra para salir de un proceso depresivo que resultó irresoluble, pero que mitigó el sufrimiento durante largas temporadas de su corta vida.



Esta expresión como terapia, punto de partida también de muchos talleres de escritura, supone con la práctica un proceso de indagación, de autoconocimiento progresivo que nos permite descubrir facetas de nuestro yo hasta entonces desconocidas. Escribir, además, nos obliga a reflexionar a un ritmo distinto al de la oralidad, con lo que nos ayuda a ordenar y sistematizar nuestro pensamiento. El goce obtenido con ese autodescubrimiento de nuestro yo profundo se refleja en el rostro entusiasta con que muchos niños te muestran sus primeras redacciones, sus primeros relatos. Por eso es tan importante transmitirles el gusto por la escritura desde pequeños: porque aprenden a expresarse pero también a conocerse. Porque se comunican con el mundo y, a la vez, con ellos mismos. Igual que nos ocurre dibujando, nadando o bailando.

Una prolongada práctica nos hace adentrarnos en el manejo cada vez más sofisticado de los recursos lingüísticos y literarios, liberándonos a la vez del discurso racional y abriéndonos a un territorio próximo a lo misterioso o lo desconocido. En este nivel, el más propiamente creativo, nuestra escritura coloca al lenguaje en el primer plano y se sirve de él con fines lúdicos, de extrañamiento de la realidad o de proyección y desdoblamiento de nuestra personalidad en textos líricos o narrativos donde tan importante es lo que decimos como la forma en que lo expresamos. Señala Juan José Millás que quien llega hasta aquí se enfrenta a una doble actitud: “voy a ver lo que digo o voy a ver lo que dicen las palabras. La sensata es la intermedia. A veces las palabras quieren decir algo que no estaba en tu intención, pero que es bueno que escuches”.

 Juan José Millás

Como ven, sea cual sea nuestra intención, escribir es una experiencia de autoconocimiento, liberadora,  proyectiva, creativa, terapéutica… tan sorprendente como maravillosa. “Me fascina escribir porque adoro la aventura que hay en todo libro o en todo artículo, porque adoro el abismo, el misterio y esa línea de sombra que al cruzarla va a parar al territorio de lo desconocido, un espacio en el que de pronto todo nos resulta muy extraño, pues vemos que, como si estuviéramos en el estadio infantil del lenguaje, nos toca volver a aprenderlo todo”, ha escrito Enrique Vila- Matas. Pruébenlo; no se lo pierdan: escriban. Escriban hasta obtener, como la Nobel polaca Szymborska, “Alegría de escribir./ Poder de eternizar./ Venganza de una mano mortal”.

Enrique Vila- Matas

Wisława Szymborska

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

sábado, 12 de marzo de 2011

El Mercado y los eurocabritillos. Opinión de Rafael Carcelén

 El Mercado y los eurocabritillos


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 

Hubo un tiempo en que el señor Mercado sufragó onerosamente a cabritillos, cerditos y otros púberes ingenuos para que levantasen sus casas a buen interés, consiguiendo incluso llenar todo el bosque de hipotecas basura con tal de seguir alimentando una codicia insaciable. Su glotonería especuladora, su avaricia febril, acabó generándole una burbuja en el estómago que ni el bicarbonato mercantil de la moneda única consiguió mitigar. Y su bolsa, atada y bien atada a la cintura, comenzó a regurgitar, a perder valor cayendo y cayendo precipitadamente por el gran agujero del ibex 35. La madre de los eurocabritillos, para tranquilizarlo, le rellenó la bolsa con monedas y le cosió los bonos rasgados. Colmado como el quico, pensaron que una prolongada siesta lo apaciguaría. 

 

 

 

Pero no fue así. El señor Mercado, tras vaciar el euromonedero y dejar escuálidas las arcas caprinas, exigió contención y control del gasto. Que manda huevos. Pero los eurocabritillos, precisamente por los préstamos para rescatar al Mercado feroz de la quiebra, ya no disponían de liquidez. Y éste comenzó a temer por sus dividendos, por esos réditos sabrosos que tan jugosamente debía ir acumulando: deuda, déficit, impagos… mala cosa, pensó; no hay depredador que mantenga el buche lleno con estas menudencias e incertidumbres. ¡Quería garantías! Muestras de sangre que le permitieran mantener la confianza. Con sus ávidas fauces, con sus garras tajantes, se presentó en la casa griega y llamó a la puerta: ni las columnas del Partenón ni el tesoro de Mikonos saciaron su ambición. La que ellos creían de hormigón perdurable, no era sino endeble morada de adobe y hojarasca. Porca miseria, refunfuñó el carnívoro descontrolado.


Decepcionado, aulló y aulló para que todos se amedrentasen y no ofrecieran resistencia a sus ansias lucrativas.  Se encaminó entonces hacia la casa irlandesa, esa que durante años fuera la niña de sus ojos, donde tanta hipoteca burbujeante colocó en otro tiempo, y acosó a sus eurocabritillos hasta que, como obedientes corderitos atrapados por unos bancos sostenidos con palillos neoliberales, pidieron ser rescatados por ese lobo de las finanzas que es el señor Mercado, también neoliberal. ¿Será suficiente con esto?, tartamudeaban, remojándose las barbas, sus eurovecinos. Obtuvieron la respuesta cuando el gigante depredador giró su vista encarnizada hacia la casa ibérica: los eurocabritillos portugueses y españoles sintieron una y otra vez el brutal zarandeo en sus nóminas y en todas sus paredes financieras. Recortes, reajustes, reducción del déficit… ¡qué más da!, nada era bastante para conformar a tan implacable avaro.

El benjamín de los eurocabritillos, refugiado entre gaviotas genovesas, sobrevivió al bestial envite y cuando alguien le preguntó cómo lo había logrado, fue profuso en detalles: ése poderoso caballero que es Don Mercado se alimenta de engordar cerditos y cabritillos hasta que su obesidad los inmoviliza y entonces, zarpazo a zarpazo, mordisco  a mordisco, los deja raquíticos y desahuciados. Sin casa ni pan que echarse a la boca, los pobrecillos no tienen más remedio que acudir a él para que les inyecte liquidez y volver así a tenerse en pie. Y otra vez de nuevo comienza el proceso: engorde, inflación, burbuja, deflación, miseria, rescate… y así hasta que la desesperación o la rapacidad les permita comprender que pueden más todos los eurocabritillos juntos que el lobo, por salvaje que éste sea; que no tienen por qué vivir sometidos a sus aterradoras exigencias. ¿Y cómo es qué tú sobrevives ajeno a esta espiral cíclica de opulencia y escasez?, le preguntó un ingenuo. El hasta entonces ponsderado eurocabritillo se quitó la máscara y todos constataron que se trataba de un fiero lobezno con piel de cordero.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 6 de marzo de 2011

El arte. Opinión de Rafael Carcelén

El arte


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



De vez en cuando me gusta proponerles a los niños y niñas de Educación Infantil -de 3 a 5 años- pintar libremente con distintos materiales (ceras, acuarelas, pintura de dedos, etc.) y con distintos medios (sus propios dedos, pinceles, esponjas...), habitualmente sobre amplios murales de papel continuo: es indescriptible cómo gozan, cómo disfrutan expresándose sin ataduras, perdiéndose y encontrándose una y otra vez en el papel con rayas, trazos, garabatos, bioformas o manchas cuyo significado es alucinante cuando te lo explican. Sin duda, en sus manifestaciones muestran más rasgos de ellos mismos que del objeto que representan: en un castillo, por ejemplo, percibimos más sus miedos o sus fantasías que la fortaleza realmente.

Comentaba esta experiencia con una compañera maestra cuando, esbozando una media sonrisa, me preguntó dónde establecería yo la diferencia entre esta actividad con los chavales y el arte moderno. Contesté algo así como que la capacidad técnica o la intencionalidad propias de la pintura no están en el horizonte de los críos. Estos sólo pretenden expresarse, sacar su interioridad, de un modo espontáneo, con su ritmo y naturalidad y sin condicionamientos previos de ningún tipo.

La espontaneidad, la imaginación, la inocencia o el descondicionamiento de los niños también son considerados por el pintor. No en vano creadores cubistas, naif o surrealistas indagaron ya en el mundo infantil, en las culturas primitivas o en las manifestaciones de los enfermos mentales para entender cómo acceder a una expresión estética lo menos condicionada posible por la racionalidad y la conciencia. Andaba yo en estas disquisiciones cuando mi compañera me mostró un video de youtube. En él aparece una reportera que con un cuadro pintado por niños de 2 y 3 años, en una guardería, se va a la feria ARCO de 2007, lo cuelga y les pide opinión a expertos y visitantes. Unos hablan de desesperación o angustia en la mezcla de los colores; otros de erotismo y pulsión sexual o de un pintor muy experimentado; incluso hay quien opina que quince mil euros es un precio muy asequible para un cuadro así. Apasionante: pueden verlo en http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc

Un reportaje que pone de manifiesto la fragilidad del arte contemporáneo, la dificultad para distinguir las voces de los ecos (que diría Machado), los intereses que mueven el mercado del arte o simplemente con qué facilidad aflora en nosotros la estupidez y la pedantería. No sé a ustedes, pero a mí después de verlo se me amontonaron las preguntas: ¿cómo encajar esto?, ¿qué es el arte?, ¿qué pinto yo aquí?...

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Rosales. Opinión de Rafael Carcelén

Rosales


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



El pasado 31 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento en Granada de Luís Rosales. Un poeta extraordinario, cuya vida quedó marcada por el asesinato de Lorca, su maestro y amigo. Como ha señalado su hijo recientemente, “llevó siempre dichos sucesos como una cruz por la injusticia que se cometió”. Falangista destacado como sus hermanos entonces, la detención de Federico en su casa (donde se refugió) y su posterior fusilamiento sirvió para que se les calumniara y acusara de tan vil ejecución. Él siempre mostró su desprecio por los asesinos y defendió el honor de su familia, que hizo lo posible por salvar al granadino más universal. Liberal auténtico, apolítico –aunque monárquico partidario de Don Juan- y descreído, siempre ayudó (como editor sobre todo) a poetas y escritores que, como Caballero Bonald, consideró valiosos aun sin compartir sus presupuestos ideológicos o estéticos.



Nacido el mismo año que Miguel Hernández, a quien siempre apreció, su poesía se caracteriza por un profundo humanismo, lleno de arraigados sentimientos religiosos, donde el tono intimista y la expresión de lo más cotidiano acompañan al hombre en su desvalida condición, en su atribulada travesía existencial. Cuando gran parte de la poesía española rendía vasallaje a un tradicionalismo grandilocuente, ripioso y rancio, su magistral poema- libro La casa encendida, de 1949,  recuperó para la época el espíritu vanguardista de entreguerras y la utilización del verso libre de un modo tan brillante como ajustado. Su dominio de la técnica (tanto en sus estrofas más clásicas como en sus propuestas rompedoras) y la perfecta adecuación al tema tratado, dan a sus poemas un vigor y una cadencia tan innovadores como inconfundibles. Nunca cejó en su afán por evolucionar, dejándonos en La carta entera un legado ético y estético de fraternal rebeldía, de indistinción entre géneros, de hondo cuestionamiento.



Reconocido con los más prestigiosos premios, incluido el Cervantes en 1982, su obra no ha tenido el eco que merece aunque hacia él ya estén volviendo los poetas más jóvenes. Por eso, la conmemoración del Centenario es una buena ocasión para  apreciar su hondura y su sensibilidad. Así lo subraya Félix Grande, a quien vimos con Aute en Petrer en abril pasado, buen amigo del poeta y editor de la antología de Rosales con un título tan bello como éste: Porque la muerte no interrumpe nada, y donde podemos leer el gran Autobiografía, de su libro Rimas de 1951, poema que describe como ningún otro su forma de ver la vida, ese sentimiento auténtico de quien tanto descreyó de ideologías y estériles adoctrinamientos; de quien supo ver en nuestra tradición literaria, ahí está su ensayo Cervantes y la libertad, un vestigio insuperable de crecimiento humano y de conquista de la dignidad; de quien, por encima de todo fatalismo, sólo creyó en la amistad. Y que, con una humildad sincera, lapidaria y tan humana, dejó escrito:

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.




Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

lunes, 7 de febrero de 2011

Miguel. Opinión de Rafael Carcelén


Miguel


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


Orihuela 2010: Año Hernandiano. Porque el pasado 30 de octubre, de estar vivo, Miguel Hernández cumpliría cien años. Muerto con solo 32, su vida estuvo condicionada por el paisaje que lo impregnó en su ciudad natal, el optimismo y la apertura en el ambiente cultural del Madrid republicano y la crueldad de una guerra que acabó con las esperanzas de toda su generación. Tierra, optimismo y crueldad: tres palabras esenciales para entender a este poeta pasional e irreductible. Aunque con pasajes quizás controvertidos, quien quiera conocer a fondo su vida encontrará en la biografía de José Luís Ferris publicada por Planeta en 2002 un trabajo que recoge y sintetiza todo el material preexistente de un modo coherente, ameno y accesible.



La senda hernandiana recorrida para llegar a este centenario viene marcada por algunos apretones de manos y múltiples reproches y desencuentros. Los Ayuntamientos de Elche y Orihuela, la Fundación Miguel Hernández –dependiente de la Consellería de Cultura-, el Ministerio, los herederos del poeta o las distintas asociaciones que llevan su nombre, a duras penas se han sentado en una misma mesa para coordinar propuestas. Quién ha de dirigir los eventos, el logotipo o los derechos de imagen constituyen algunos tramos de esta tortuosa senda. Resumiendo mucho, el problema radica en el afán de protagonismo o en la obtención de beneficios que, a costa del poeta –auténtico protagonista-, algunos anhelan conseguir. La semana que viene les hablaré de la situación de su legado en la actualidad.

Cuando en 1992 se conmemoró el cincuentenario de su muerte, yo dirigía el colegio ilicitano que lleva su nombre. Con tal motivo realizamos un amplio conjunto de actividades en las aulas y nació un certamen poético escolar de carácter provincial que sobrevivió siete convocatorias más y con cuyos mejores trabajos se logró editar hasta tres libros antológicos que se distribuyeron por los colegios de la provincia. Igualmente, y en colaboración con el grupo LEO, elaboramos un cuadernillo de trabajo patrocinado por la Diputación para acercar su obra a los escolares y personalmente colaboré en un monográfico conmemorativo con trabajos en torno a la aplicación didáctica de distintos aspectos de su trayectoria y que sirvieron también de soporte para organizar las actividades en torno a la Senda del Poeta que cada año se realiza. Como entonces, en esta ocasión habrá otro Congreso internacional, reediciones de su obra, exposiciones, películas, recitales, etc. sin duda interesantes, o Hijo de la luz y de la sombra: el nuevo disco de Serrat sobre textos del poeta que iniciará su gira el 23 de marzo en Elche, y que también encontró escollos en los herederos, quienes avalan como proyecto estrella del centenario una superproducción titulada Miguel Hernández: sumario 21.001.  



A mí, el mundo hernandiano me ha proporcionado un buen puñado de amigos, la posibilidad de acceder al legado auténtico del poeta o poder conocer a personas como Cerdán Tato, Julián Antonio Ramírez (la voz de Radio París durante el franquismo) o el poeta belga Germain Droogenbroodt -con quien traduje algunos poemas al neerlandés- y que han contribuido a consolidar mi profundo afecto por la poesía de Miguel. Porque, como escribí ya entonces en un artículo publicado en Información, el mejor homenaje, el homenaje de los homenajes no es otro que “leer a Miguel Hernández”. O, si ya lo han hecho, releerlo como pienso hacer yo nuevamente. Todo lo demás, siendo importante, viene después.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

martes, 1 de febrero de 2011

Lorca. Opinión de Rafael Carcelén

Lorca


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)





La apertura de la fosa donde según Ian Gibson estaría el cuerpo de Lorca, fusilado en agosto del 36, supuso en noviembre pasado la culminación de un complicado proceso dados los intereses encontrados con los familiares y herederos de quienes fueron asesinados con él. La contundente conclusión un mes y medio después del rastreo no dejó lugar a dudas: no sólo no había vestigio de cuerpo alguno sino la evidencia de que allí jamás hubo enterramientos.  Se removió, además de la tierra, el recuerdo de sus últimos días vivo y la implicación que los hermanos Rosales, Ruiz Alonso, la CEDA, sus primos o el general Queipo de Llano, desempeñaron en su trágico destino.

No encontrar su cuerpo también desató las especulaciones: se achacó a la familia conocer previamente que no estaba allí, se atendió la tesis de quien afirma otro lugar funerario quinientos metros más allá e incluso se habló de que su cadáver, como el de muchos granadinos más dispersos en cientos de fosas próximas, fue trasladado al Valle de los Caídos. La dictadura, según esta tesis, habría querido borrar así un crimen execrable y no se habría expuesto a una clandestina exhumación que la hubiese delatado internacionalmente. En todo caso, sea o no cierto, y como acredita Paul Preston en su último libro El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco, una vez que a comienzos de los años sesenta se vislumbró que el régimen no sobreviviría al dictador se hizo desaparecer toda responsabilidad e inculpación, en camiones y camiones de documentos, durante más de quince años.  Hecho que redundará negativamente en saber lo que realmente ocurrió con tantos asesinados. Por no hablar de las reticencias o de las trabas que aun hoy, desde distintas administraciones, se siguen imponiendo.


No haberlo hallado lo convierte igualmente en un desaparecido y agranda aun más la magnitud del crimen o el nicho, tan vacío como amnésico, en que se está convirtiendo nuestro pasado  no ya tan reciente. Aunque hoy nadie duda de que tantos crímenes e injustas condenas terminarán hallando reparación mediante la anulación de sus sentencias y la rehabilitación de los ejecutados. Más allá del miedo y el silencio, el tiempo nunca fue un buen aliado para los asesinos; siempre quisieron cubrir, con miseria y olvido, los cuerpos de su delito. Pero ahí están las investigaciones históricas para desengañarlos. Para quebrar su impunidad. Para hacernos ver también que “toda víctima es actual en tanto en cuanto no se le haga justicia”, como ha escrito a propósito de Lorca Reyes Mate, profundo conocedor del exterminio judío. Y en esta línea, el propio Gibson ha pedido que el Estado español, como ha hecho el chileno exhumando y enterrando dignamente a Víctor Jara, busque el cuerpo del granadino más universal.

Desde luego si, como señaló Azaña, la de Franco fue “una insurrección contra la inteligencia”, es aún más evidente su fracaso estrepitoso tantos años después. Porque el crimen de Lorca no lo hizo realmente desaparecer. Y aunque se excavasen cientos de fosas sin que sus huesos aparezcan, basta con abrir su Romancero gitano o sus Sonetos del amor oscuro para respirar su pena negra, su espíritu jovial y apasionado, su extrema sensibilidad; para dejarnos seducir por esa candorosa voz, de tan humana, universal. Pues quien no tuvo su muerte, esa que le tocaba (según los conocidos versos elegíacos que le dedicó Alberti) nunca dejó de estar entre nosotros. Y nunca nadie nos lo podrá arrebatar. Aunque su cuerpo siga sin estar aquí.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

miércoles, 26 de enero de 2011

Leyendo con ellos. Opinión de Rafael Carcelén


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



Leyendo con ellos



Gianni Rodari, autor de Gramática de la Fantasía, sostiene que "nunca se debe ordenar leer un libro a nadie. Lo mejor es sugerir, mostrar, indicar, aquellos libros que nos parecen los mejores, para que nuestros hijos y alumnos se diviertan y aprendan". La imposición, pues, no es el mejor camino para promover la lectura entre ellos  y menos en esta época de videojuegos o teletiendas que tanto enfrían la imaginación y el pensamiento. Incluso hemos de asumir que el juego, la lectura o el ordenador no sólo no son incompatibles sino que, en su justo equilibrio y en condiciones concretas, contribuyen decisiva y conjuntamente a mejorar nuestro desarrollo integral.


Pero no es necesario insistir en que un buen hábito lector, un alto nivel de competencia y comprensión, mejora nuestra adquisición de cualquier aprendizaje. De ahí su importancia en el proceso educativo desde los niveles más bajos. Es además una fuente de placer y satisfacción en sí misma, si nuestras lecturas son adecuadas y sugerentes para nuestro desarrollo. Por el contrario, para los niños que leen muy pobremente, la escuela y el aprendizaje se vuelven una carga o algo peor. La buena noticia es que el 82% de niños y niñas entre 10 y 13 años son lectores habituales. La mala, que este porcentaje decae ostensiblemente en la pubertad, donde no pocos abandonan por completo el hábito lector y no lo vuelven a retomar ya nunca en la madurez.

De la evidencia anterior se deduce el empeño de los educadores por hacer de los alumnos excelentes lectores. Así lo creen también el 94% de los padres. Por eso, para cultivar en ellos la afición lectora, es bueno que nos vean leer en casa habitualmente, que dediquemos un tiempo –por escaso que sea- a leer con ellos cada día cuando apenas se están iniciando o que nos interesemos por lo que leen en cualquier momento de su desarrollo. De hecho, el 75% de los chavales enganchados a la lectura (del 82% ya mencionado, menores de 14 años) son hijos de padres lectores. Porque hacer de la lectura un lugar de encuentro familiar, intercambiando opiniones sobre lo leído, recomendando libros o yendo juntos a la Biblioteca del barrio, es una forma insustituible de animarlos a leer y de apreciarnos mutuamente mucho más.

No en vano, ya los egipcios denominaban a las bibliotecas “el tesoro de los remedios del alma”, por curarse en ellas una de las enfermedades más peligrosas, la ignorancia, origen de todas las demás. Así, cual jarabe impreso, además de aprender, divertirnos o emocionarnos, la lectura nos permite asomarnos a nosotros mismos con los ojos del otro -con todo el candor y la avidez propios del ignorante- para celebrar un reencuentro desde siempre presentido, desde siempre rastreado. “La lectura es para mí como la barandilla en un balcón”, ha dicho Nuria Espert. Asomarse juntos a la lectura es la mejor manera de saber lo que pasa en la calle. Por eso, también antes y después de cada 23 de abril, regálense libros. Elijan bien. Disfrútenlos.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.