lunes, 24 de enero de 2011

Biutiful. Comentario cinematográfico de Emilio Pérez Martín

BIUTIFUL



  











Emilio Pérez Martín





Comentario cinematográfico de Emilio Pérez Martín .


Para mi gusto Javier Bardem sale por fin bien parado de su última película, después de bañado entre babas y cacas de sus anteriores películas (Huevos de oro, Carne trémula o Mar adentro) donde parecía que más que su propio carácter preponderara la carne que ofrecía (no es una crítica, sucede así con todos los actores de valía, también Penélope Cruz es así hasta que no se arroja a las llamas de Los abrazos rotos). Terminado de tallar en una película que nos ofrece muchas reflexiones en las que trataremos de centrarnos. Sin lugar a dudas el hispaninglish del título nos ciñe a una reflexión sobre qué es la belleza, si también se puede representar lo feo, etc. He de confesar que al principio de la película confundía las barriadas decrépitas con un Madrid suburbial, pero efectivamente enseguida te das cuenta que se trata de Barcelona, no la más fashion, cultural y estudiantil, sino en la que se desarrolla la crisis de la trama. Afán del director, sobre todo en la primera parte, de mostrar todo lo sórdido que encierra -y la sordidez la encierran en sí todas las grandes ciudades en que también se dan las mayores desigualdades-. En ese sentido todas las imágenes de prostitución, delincuencia y pobreza vienen al caso, de manera muy embelesada, estética. En ese sentido podríamos adivinar hasta una crítica social preconcebida, y por qué no, al propio concepto del "biutiful" extranjero cuando trata de englobar todo lo español en el mismo saco sin conocernos de dentro (así como nosotros hacemos con otros países) y sin tener en cuenta nuestro propio salto traumático del XX al XXI con el atraso consabido acarreado.


La trama, un hombre que trata de sacar adelante a su familia, durante la crisis, teniendo en cuenta que la falta de trabajo le lleva a traficar con drogas, mediante mafia china y recurriendo hasta el crimen. En ese sentido hay un nuevo realce dickensiano hacia la inocencia del criminal, que tiene su explicación en su propia necesidad. Dándole este tipo de papeles a Bardem estoy seguro que bordaría la obra teatral de Koltés "Roberto Zucco" por tratarle siempre como carne de cañón, si bien observamos que aflora su lado humano, por lo que termina de tallarse (y yo le retaría a hacer papeles cada vez más humanos, nadie encierra una bestia de por sí, para salero de los demás). Los ambientes : ese rastro donde bohemios venidos a menos, esas casas ínfimas y postindustriales, esa discoteca final a modo de paraíso, todas esa cosas, están muy bien elegidas. Sin embargo, lo que guarda de mensaje pesimista, esa Barcelona que no soporta su propio peso, esa belleza terrible y apocalíptica de toda gran ciudad vista desde arriba, nos invita a una reflexión. Para Rilke "Lo bello es el comienzo de lo terrible" (vid. Las elegías de Duino). Hay que ver cómo nos estremece esa sensación difusa, neorrománticamente sádica en que vemos la obra del hombre presa del tiempo (la ciudad) como si un viejo satán baudeleriano y una divinidad hambrienta pugnarán por devorarlo, en su propia orfandad. Platón creía que la belleza era un ideal a perseguir y Tolstoi en cambio advertía que para él solo lo bueno era bello (al revés que Platón) haciendo ambos con sus máximas hidropesía del arte. Para Kant, mucho más acertado, el juicio estético obedece a principios subjetivos, a gustos personales, y Freud seguramente nos pondría en solfa advirtiendo que no es lo mismo lo que nos parece bello por familiar como lo que transgrede a ese principio, que también lo puede ser y gira siempre en torno a lo sexual-afectivo. Hegel lucha por destronar a Kant y pide unos principios universales, algo que seguramente no existe, aunque lleguemos a acuerdos progresivamente. Para el arte por el arte incluso el arte no necesita de beneficistas filósofos, es la belleza por la belleza. Y dentro del arte, Goya, Rubens, Picasso, Bacon o el propio Velázquez en algunos de sus cuadros, advierten que no se ha de representar sólo lo bello en arte, que si no estaríamos negando parte de la realidad.
Trasplantado a la literatura en fin, más cercana a nuestro dominio, mientras Juan Ramón Jiménez persigue el instante hermoso, otros, los poetas sociales pongamos por caso, han de acordarse de lo que se le olvida al más laureado, aunque no le restemos confianza a todo lo que persigue, pasado el tiempo.
En fin, un aplauso a la última película protagonizada por Javier Bardem, sin restar poesía al asunto.


Emilio Pérez Martín es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Ha colaborado con el Grupo Súcubo, de poesía, la Tertulia Mambrino y la revista cultural Eclipsados. Actualmente está elaborando una novela de la que esperemos dé a luz más pronto que tarde. En lo artístico ha formado parte de los grupos de teatro Chandrío y En penumbra. Le interesan también el cine y la música. En definitiva, todo lo relacionado con la cultura. Actualmente estudia Historia del Arte.

sábado, 22 de enero de 2011

Preguntas. Opinión de Rafael Carcelén


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)

 

Preguntas


En una reciente entrevista, un conocido escritor manifestaba que sus escritos no son sino el conjunto de respuestas que ha ido dando a lo largo de su vida a esas preguntas que no dejamos de hacernos desde la infancia. Sin duda, la curiosidad, el asombro o la necesidad de respuestas a esas preguntas primeras son un inagotable leit motiv en todo proceso creador. Pero, ¿a qué repuestas se llega?.

En 1994, Eduardo Chillida entraba en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con setenta años, casi cincuenta dedicados a la creación escultórica, y un reconocimiento internacional unánime, podía haber leído un discurso en torno a su trayectoria; o referido a algunas conquistas técnicas alcanzadas con su obra… O simplemente haber impartido una lección magistral sobre el diálogo ininterrumpido de sus esculturas con el espacio, la materia, el horizonte, los límites o el tiempo. Un diálogo, necesario y humano, con lo inmanente y lo trascendente que nos habita. Pero leyó un discurso, ante la perplejidad de muchos, que consistió en la formulación de unas cincuenta preguntas – inconexas entre sí- y a las que se dejaba sin respuesta.


Por inquietante que resulte esta actitud, no me parece gratuita. Su discurso, titulado precisamente Preguntas, comenzaba así: “¿Cómo es posible que nuestra vida, formada por sucesivos presentes que no tienen dimensión, pueda durar veinte, cuarenta u ochenta años?”.  Aludiendo quizás al proceso creador, requería: “¿Por qué la experiencia se orienta hacia el conocimiento y la percepción hacia el conocer?”. O esta otra forma de preguntar, sin concesiones: “En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo”. Un discurso que no tiene desperdicio y que, efectivamente, en su formulación nos recuerda a ese niño impertinente y curioso que no deja de preguntarse por el ser de las cosas. Al fin y al cabo el auténtico creador nunca abandona a ese niño que todos llevamos dentro. Pues no hay arte sin capacidad de asombro y una dosis considerable de ingenuidad.

Pero también me parece una manera profunda y humilde de reconocer que el arte responde siempre formulando nuevas preguntas (o las mismas, aunque de otra forma), puesto que nuestra humanidad es una tarea nunca terminada. O quizás, y esto es una hipótesis muy personal, que nos pasamos la vida respondiendo a lo que nos va surgiendo a cada instante; y sólo cuando nuestras respuestas –las obras en el caso del artista- empiezan a cobrar un sentido (una dirección, un significado), intuimos que van en busca de alguna pregunta. Como si lo dado fuesen las respuestas y correspondiese al creador encontrar las preguntas adecuadas a cada una de ellas. Frente a nuestro laureado novelista, Chillida es contundente: “Yo no represento, pregunto”.

Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

lunes, 10 de enero de 2011

La muerte. Opinión de Rafael Carcelén


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)


La muerte


Alguien dijo que nada es seguro salvo morir y pagar impuestos. Por eso Epicuro sostuvo que ante la muerte “vivimos en una ciudad sin murallas”. Pues no hay fortaleza ni salvoconducto que de ella nos exima. Absolutamente desprotegido, este ser para la muerte (Heidegger) que es el hombre, no ha dejado nunca de preguntarse por su condición finita o por lo que nos pueda sobrevenir tras ella. Y ya el propio Epicuro consideraba irracional nuestro miedo a la muerte porque con ella nunca coincidimos: cuando ella está yo ya no estoy  y, a la inversa, si ella no está es porque yo aún soy.


¿Final o fin de la vida?. Los filósofos, según Montaigne, han entendido la muerte en uno u otro sentido. En su Ensayo XX, De cómo la filosofía es aprender a morir, subraya que para quienes morir es sólo el final de la vida, consideran que después de ella no hay nada. De ahí la despreocupación del francés  al pedir que, cuando llegue la muerte, lo encuentre “plantando coles, mas indiferente a ella y más aún a mi imperfecto jardín”. Para otros, como Platón, la vida no tiene un fin en sí misma sino como tránsito, y la muerte conlleva la separación del cuerpo y el alma y el acceso de ésta a otra vida superior e inmortal. En uno u otro caso, y ante la angustia o el temor, el saber y la experiencia acumulados ayudarán al hombre a entender y asumir su condición mortal, a vivir ante su no esquivable presencia en nuestra vida cotidiana. “Vivir es caminar breve jornada/ y muerte viva es, Lico, nuestra vida,/ ayer al frágil cuerpo amanecida,/ cada instante en el cuerpo sepultada,”, sentenció Quevedo. Y en ese monumento elegíaco a la muerte de su hijo que es Mortal y rosa, y que leí sobrecogido este verano, Umbral escribe que “la vida está dentro de la muerte como el hueso dentro de la fruta”.

Tengo por un tesoro desde hace unos años el libro de Poemas japoneses a la muerte. Escritos por monjes zen y poetas de haiku en el umbral de la muerte. Una antología que recoge una ancestral costumbre nipona consistente en escribir, a modo de legado, un breve poema cuando ya la muerte llama a nuestra puerta. En el ámbito de una poesía caracterizada por su concisión e intensidad, es apreciable la diversidad de tonos con que están escritos: de lo solemne a lo cómico, de lo simbólico a lo realista, de lo meditativo a lo irónico, predominan los textos donde la muerte es recibida con aceptación serena y con un sentimiento de cimera plenitud. Despojados y espontáneos, cuanto más se alejan de una elaborada artificiosidad, mayores son sus efectos emotivos y sobrecogedores.

Me gustaría acabar mostrándoles algunos de ellos: “La música del no ser/ llena el vacío:/ Sol de primavera,/ Blancura de nieve,/ Nubes que brillan,/ Viento transparente.”. Sublime. Comparen la serena gravedad de este poema  con la travesura del siguiente: “Cuando muera, enterradme/ en una taberna,/ bajo un tonel de vino./ Con suerte/ goteará”.  ¿Y qué me dicen de éste otro?: “Creía que viviría/ dos siglos, o tres./ Pero ya me llega la muerte,/ cuando soy un muchacho/ de apenas ochenta y cinco años”. Aunque diferentes, sorprende en todos ellos la desdramatización, la ausencia de temores o deseos con que es afrontada la muerte. Porque, como escribiera Fukaku en el siglo XVIII, “Vacío caparazón de cigarra:/ tal como venimos,/ desnudos, nos vamos”. O “ligeros de equipaje”, que diría Machado, reconocido admirador de la lírica japonesa. 



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

sábado, 1 de enero de 2011

"La pintura no se hizo para decorar apartamentos". Opinión de Almandrade



“... painting was not made to decorate apartments. It is a
war weapon to attack and defend against the enemy.”
Picasso

The revolver is the symbol of this exhibition. Pointing to
the artist, the weapon is a ludic and rational experience,
inciting questionings, reason to immerse artist and
spectator on an experience of freedom, autonomy and
possibilities to analyze fragments of reality. Art is an
imagery of itself where transgressions are allowed and
desire surpasses limits, altering the natural order of
things and language. The essence is within art, on the
deconstruction of conventional language, aimed towards
a different perspective - that of desire and peace. The
show proposes a construction of a new sovereign and
free speech, creating new codes. The daily routine of
arms is not reproduced, it is a space for ruptures and
for invention of a different speech about the object /
weapon for life.

Artist and art critic


“...a pintura não foi feita para decorar apartamentos.
É uma arma de guerra para o ataque e defesa contra o
inimigo.” Picasso

artista, a arma é uma experiência lúdica e racional que
desperta interrogações, o motivo para mergulhar artista
e espectador numa experiência de liberdade, autonomia
e possibilidades para questionar um fragmento da
realidade. A arte é a imagem de si mesma, um lugar onde
as transgressões são permitidas e o desejo ultrapassa
limites, um dispositivo que altera a ordem das coisas e
da linguagem para colocar o espectador diante de um
saber. A essência está na própria arte, na desconstrução
da linguagem convencional, nesse caso, direcionada para
outra perspectiva, o desejo de paz. A exposição na
opção estética de cada artista, propõe a construção de
um outro discurso soberano e livre que inventa outros
códigos. Não se reproduz o cotidiano bélico. É um espaço
de rupturas, de invenção de um outro discurso sobre o
objeto/arma a favor da vida.


Artista plástico e crítico de arte


“... La pintura no fué hecha para decorar apartamentos.
Es un arma de guerra para el ataque y la defensa contra
el enemigo.” Picasso


El revólver es objeto simbólico de la exposición. En la mira de artista, un arma es una experiencia lúdica y racional que suscita interrogantes, un motivo para bucear conjuntamente artista y espectadores en una experiencia de libertad, independencia y posibilidades de cuestionar un fragmento de la realidad. El arte es la imagen de sí mismo, un lugar donde las transgresiones son permitidas y el deseo excede límites, un dispositivo que altera el orden de las cosas y del lenguaje para colocar al espectador frente a unos conocimientos. La esencia en el arte, deconstrucción de lenguaje convencional, en este caso, orientadas hacia otro punto de vista, el deseo de paz. La exposición, en la opción estética de cada artista, propone la construcción de otra expresión soberana y libre, crea otros códigos . No reproduce las guerras cotidianas. Es una zona de perturbaciones, de inventar otro discurso sobre el objeto /arma en favor de la vida.

Almandrade. Artista plástico y crítico de arte.


Objeto :  revolver de gesso, esponja e vidro
 

jueves, 23 de diciembre de 2010

La literatura. Opinión de Rafael Carcelén


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



La literatura


No hace mucho, a mis anchas en una librería, encontré un tomo que atrajo mi atención: La literatura en peligro. Su autor, el búlgaro Tzvetan Todorov, me había introducido en plena juventud en el estudio de los formalistas rusos con su Teoría de la literatura, nada fácil pero donde aprendí mucho. Como quien regresa a un primer amor ya casi olvidado pero todavía palpitante, abrí  el volumen al  azar con tanto temor como expectación y me topé con esta frase: “Si hoy me pregunto por qué amo la literatura, la respuesta que de forma espontánea me viene a la cabeza es: porque me ayuda a vivir”.  Me asombró que alguien que ha navegado por procelosas poéticas estructuralistas o semióticas tesis tan complicadas fuese capaz de expresar y resumir toda su trayectoria con una frase tan directa y contundente. Por supuesto lo compré y lo leí, fascinado, ese mismo día.


El mayor peligro para la literatura está en su propia enseñanza, nos dice el autor, cuando se aprende no de qué hablan las obras sino qué opinan de ellas los críticos, transmitiendo así nuestras teorías sobre los textos antes que promover sumergirnos en ellos por sí mismos. Los intrincados arbustos de la crítica moderna no nos han ayudado a desentrañar lo esencial, generándonos además una sensación de incomprensión de las obras que no es en realidad sino el más absoluto desconocimiento de los supuestos teóricos que sustentan sus análisis interpretativos. Y que no hace sino alejarnos cada vez más de los libros. Abundando en esta línea, el catedrático José- Carlos Mainer, coordinador de la recientísima, monumental e impagable Historia de la Literatura española editada en Crítica, se queja de haber “parcelado demasiado” en compartimentos estancos nuestra historia literaria, lo que ha redundado en una visión muy cuadriculada, en inflexibles agrupamientos, que ha restringido  su apreciación en el tiempo. Y, por lo tanto, en una enseñanza muy encorsetada e inactual de sus autores.

El búlgaro termina por preguntarse si deberíamos liberar a la literatura de ese corsé asfixiante de “juegos formales, lamentos nihilistas y  egocentrismo solipsista” a que ha llegado, concluyendo que la escuela debe esforzarse por acceder al sentido de cada obra, y que ha de permitirnos, más allá de ilustrar con sus textos la perspectiva de cualquier corriente crítico-literaria, profundizar en el conocimiento de lo humano, de sus conductas, de sus miserias o sus pasiones. En Sófocles, Shakespeare o Dostoyevski podemos aprender tanta o más psicología que en el manual más exigente. ¿Cuánta sociología no exhalan La Celestina o El Decamerón?. ¿Y ese manual de vida que es El Quijote?. La literatura, además de fuente inagotable de gozo imaginativo, es un caudal donde confluyen prácticamente todas las disciplinas humanísticas. He ahí su valor, su insustituible aportación para conocernos en una dimensión más integrada e integral.

“La literatura abre hasta el infinito esta posibilidad de interacción con los otros, y por lo tanto nos enriquece infinitamente. Nos ofrece sensaciones insustituibles que hacen que el mundo real tenga más sentido y sea más hermoso. No sólo no es un simple divertimento, una distracción reservada a las personas cultas, sino que permite que todos respondamos mejor a nuestra vocación de seres humanos”, afirma Todorov. Una lectura que me ha recordado aquel pensamiento de Pascal donde el francés asegura que "los mejores libros son aquellos cuyos lectores creen que también ellos los pudieron haber escrito". Desde luego  mí me hubiese encantado escribirlo. Por su sencillez y visión alentadora, por su estilo fluído y esa capacidad de contagiarnos y seducirnos que solo poseen los grandes. Y Todorov ya lo es.



Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

La estética. Opinión de Rafael Carcelén


Por Rafael Carcelén
(Originalmente publicado en el semanario Valle de Elda)



La estética



Elevada a ciencia en el siglo XVIII, hoy la estética es, antes que nada, un tipo de cirugía con la que hacerse unos arreglitos en los pómulos, los pechos o las cartucheras. Leí hace poco que una muchacha de veinte años había denunciado a una clínica muy importante (y que parece ser la más denunciada por los clientes que en ella se operan) por problemas muy serios tras un implante de pechos. Me resulta sorprendente esta demanda que se ha desatado por cambiar nuestra fisonomía y particularmente en personas (más mujeres, aunque también hombres) tan jóvenes.

Supongo que habrá mil razones para exponerse tan gratuitamente a riesgos tan elevados. Pero sólo en un mundo que mitifica la imagen, lo adolescente y que nos empuja a ser como Peter Pan puede resultar explicable algo así. Además, el volumen de negocio que se mueve ya con estas intervenciones hace que surjan como hongos las empresas dedicadas a ello y que, lógicamente, pugnen y presionen para que se extiendan entre los ciudadanos. Una vez más, siempre la misma sospecha: la máxima rentabilidad garantizando la mejora estética.  




Quizás debamos simplemente asumir que no hay estiramientos o reducciones que detengan el tiempo. Y que éste es consustancial a nuestro propio devenir y crecimiento. Aceptar el paso del tiempo, lo que se lleva y lo que nos aporta en cada momento, con la mayor naturalidad. Ahí está la clave: los poetas, exultantes o elegíacos, siempre han cantado para aprender a convivir con él, con sus esperanzas y sus sinsabores, nostálgicos o anhelantes, escépticos o  inquietos. Ahí están los clásicos. Ahí los orientales. Adecuar el ritmo de nuestro organismo al de la naturaleza, a sus procesos y secuencias: esa es la lección estética de vedas, taoístas o presocráticos que tanto bien puede hacernos aún.

La Estética, más allá de un tipo de cirugía para detenernos en un tiempo imposible, puede ayudarnos (ahí están los clásicos, ahí los orientales) a aceptar con naturalidad su transcurrir, adecuando nuestro ritmo vital a cada instante; a vivir en un gozoso presente, a envejecer creciendo interiormente… Como señalara Emilio Lledó, además de nuestro bienestar debería preocuparnos nuestro bienser. Cuidémoslo: sin cirugías.


Rafael Carcelén es maestro de escuela en el CEIP Padre Manjón de  Elda. Poeta, lector apasionado y perpetuo observador, opina sobre la realidad que nos rodea, bien en su columna Entre col y col en el semanario Valle de Elda o en otros foros independientes y/ o alternativos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

DE NUEVO UN DÍA DE... Opinión de Begoña Leonardo

Por Begoña Leonardo


DE NUEVO UN DÍA DE...

El Sida, sigue siendo una enfermedad actual y aunque nos hayamos relajado con la excusa de pertenecer al primer mundo, o no estar entre comillas entre los grupos de riesgo; la realidad es, que el número de afectados aumenta, no de forma alarmante en España, pero aumenta. La importancia de estar informados y poner los medios, es fundamental.  La iglesia sigue obstinada en obstaculizar el medio más eficaz. Sino existieran personas en el mundo que utilizasen en sus relaciones sexuales el preservativo, entonces cómo estaríamos. Pero a ellos les da igual. Mantener a la gente en la ignorancia ofreciéndoles a cambio de una vida casta y pura, el cielo con Dios Padre a su lado, es su labor...


Hoy sabemos que la enfermedad es crónica, por lo menos, para una parte de la población, que puede disponer de los fármacos necesarios y novedosos. Pero en África, no es así. Allí llegan los que aquí no se utilizan, los obsoletos, tal es el retraso con respecto a nosotros, que siguen muriendo sin apenas esperanza.

Todo esto cualquier persona lo sabe, pero la enfermedad sigue siendo un estigma. Para un enfermo infectado con el VIH, aún sin padecer la enfermedad, es un trauma terrible mantenerlo en secreto. Hablamos con naturalidad de casi todas la patologías, hasta del cáncer, se nos anima ha hacerlo. Los medios de comunicación, los especialistas, repiten hasta la saciedad que hay que contarlo, que hay que sacarlo de dentro, que es muy importante compartir, para que los demás acepten lo que pasa y así ayuden... Pero la hipocresía es tan grande y nos falta tanta educación en la tolerancia, en el respeto, que de esta enfermedad, pocos son los que se atreven a reconocer que la padecen.
Los efectos, los daños irreparables que puede sufrir un niño, por ejemplo, que se entera de que su padre o madre tienen Sida, viviendo en una sociedad que se avergüenza,
porque de esto sólo se habla cuando salen algunos personajes medíaticos por televisión, colgándose medallas y exclusivamente el día de hoy...
Contarlo no es fácil,  se ha demonizado tanto a los enfermos en sus primeras épocas, que tendrán que pasar muchos, muchos años para que el Sida se considere una enfermedad, que al hablar los portagonistas de ella, no tengan siempre que añadir la coletilla, de cómo fue su contagio y/o justificarse.
Me parece vergonzoso que se pregunte a un enfermo de sida cómo es que te pasó. Porque, sí,  hay conductas de riesgo, pero para todos... Son demonios los que tienen cáncer, son demonios los que tienen diabetes, son demonios los hipertensos, etc... Aun sabiendo que muchos de sus compotamietos durante años han lesionado su  salud, no los hacemos responsbles, y sin embargo a estos sí.

Dejemos que los que han contraído el VIH sean como los demás enfermos. Personas  que con tratamiento pueden llevar una vida. O sea, como tú y como yo.

Begoña Leonardo: Trabajadora de la palabra... autónoma a ratos, madre a tiempo completo, poeta siempre y sin opción. Escribo para diferentes medios como freelance, y en formatos digitales, blogs, revistas literarias...